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Una economía sin seres humanos prósperos no es una economía sostenible

La inteligencia artificial transforma rápidamente nuestra manera de producir, de comunicar y de innovar. En todo el mundo, las organizaciones buscan mejorar su productividad, reducir sus costos y acelerar sus operaciones gracias a la automatización. Esta evolución es natural.

Cada revolución tecnológica de la historia permitió a las sociedades aumentar su eficiencia y mejorar su capacidad de creación de riqueza. Pero una pregunta fundamentalmente económica sigue estando ausente, con frecuencia, de las discusiones:

“¿Qué ocurre con una economía cuando los seres humanos dejan progresivamente de participar en ella como creadores de valor, trabajadores, consumidores y contribuyentes?”

El funcionamiento mismo de las economías modernas se apoya en un equilibrio relativamente simple: las empresas producen bienes y servicios, los trabajadores reciben ingresos y se transforman en consumidores que gastan; los gobiernos financian las infraestructuras y los servicios colectivos gracias a la actividad económica generada. Todo el sistema funciona porque la riqueza circula. Cuando esa circulación se desacelera o se concentra en exceso, el equilibrio se vuelve más frágil.

La historia económica demuestra que un crecimiento sostenible depende por lo general de la existencia de una población capaz de participar activamente en la economía, no solamente como mano de obra, sino también como clientela, como emprendedores, como innovadores y como inversionistas.

La inteligencia artificial aporta posibilidades extraordinarias. Puede automatizar ciertas tareas repetitivas, acelerar el análisis, reducir ciertos costos y permitir que las organizaciones logren más con los mismos recursos. Pero creer que la creación de valor futura se apoyará únicamente en la automatización completa de las actividades humanas constituye una hipótesis mucho más riesgosa de lo que parece.

Una empresa puede reemplazar ciertos puestos por sistemas automatizados. Una economía entera no puede reemplazar simultáneamente a millones de consumidores sin crear nuevas formas de participación económica. Una realidad permanece: los productos necesitan compradores; los servicios necesitan clientes; las empresas necesitan mercados; y los mercados siguen estando compuestos por seres humanos…

Cuanto más progresen las tecnologías, más importante será reflexionar sobre la manera en que esas ganancias de productividad se redistribuirán a través de la economía, a fin de mantener un equilibrio sano entre creación de riqueza, innovación y prosperidad colectiva. El objetivo no debería ser frenar el progreso, sino asegurarse de que el progreso siga siendo útil.

Las tecnologías más eficaces no serán necesariamente las que reemplacen a la mayor cantidad de seres humanos. Serán probablemente las que permitan a la mayor cantidad de seres humanos crear más valor, mejorando al mismo tiempo su calidad de vida.

Una organización que utiliza la inteligencia artificial para amplificar las capacidades de sus equipos aumenta su productividad y conserva a la vez la experiencia, la creatividad, el juicio y la capacidad de innovación de sus colaboradores.

Una sociedad que utiliza la inteligencia artificial para reforzar las capacidades humanas preserva también su capacidad de consumo, de inversión y de crecimiento económico. El verdadero desafío de las próximas décadas será, sin duda, más económico, social y humano que tecnológico. Permitámonos plantearnos preguntas como:

¿Cómo crear más riqueza gracias a la inteligencia artificial manteniendo al mismo tiempo la participación activa de las personas en la economía?

¿Cómo mejorar la productividad sin debilitar los cimientos mismos de la prosperidad?

¿Cómo permitir que las organizaciones innoven sin perder de vista a los seres humanos que componen los mercados a los que sirven?

En Quantum Beyond, creemos que las tecnologías más poderosas son las que refuerzan las capacidades humanas y no las que buscan volverlas inútiles. Creemos que la inteligencia artificial representa una oportunidad excepcional de aumentar la creatividad, la eficiencia y la resiliencia de las organizaciones.

Pero creemos igualmente que la prosperidad duradera se apoya en una economía en la que los beneficios del progreso siguen circulando por el conjunto de la sociedad.

Porque una economía fuerte necesita empresas eficaces.

Pero también necesita seres humanos capaces de participar plenamente en la creación de esa riqueza.

El futuro no pertenece a las máquinas por sí solas.

Pertenece a las sociedades capaces de utilizar las máquinas para crear más valor humano.