Empresas y organizaciones: volverse inteligibles antes de volverse inteligentes
Desde hace algunos años, las organizaciones invierten en inteligencia artificial. Experimentan con asistentes conversacionales, despliegan agentes inteligentes, automatizan procesos y buscan aprovechar sus datos para mejorar su desempeño. Esta evolución es natural. La inteligencia artificial se convierte progresivamente en una palanca importante de competitividad.
Una pregunta esencial sigue estando subestimada: ¿está la organización realmente lista para ser comprendida por una inteligencia artificial?
Las primeras generaciones de IA aprendieron principalmente a reconocer palabras, producir textos, generar imágenes o analizar datos. Cada vez más hábiles, las próximas generaciones buscarán sobre todo comprender su entorno, establecer relaciones entre las informaciones, anticipar las consecuencias de sus acciones y razonar en un contexto cada vez más complejo. Para que una inteligencia artificial pueda crear valor realmente, deberá comprender el funcionamiento de la organización en la que opera. Ahora bien, esa comprensión no se improvisa.
Una empresa está compuesta por miles de informaciones, procedimientos, reglas, decisiones, responsabilidades, conocimientos, procesos e interacciones que a menudo se han construido a lo largo de los años. Una parte de esos conocimientos está documentada. Otra sigue siendo implícita, transmitida por la experiencia o en poder de algunas personas clave. Cierta información se encuentra en varios sistemas, a veces con versiones distintas, mientras que otra no se conserva en ninguna parte. Para un ser humano, esas incoherencias se compensan a menudo con la experiencia, los intercambios entre colegas y el conocimiento del contexto. Para una inteligencia artificial, se convierten rápidamente en obstáculos para la comprensión.
Una organización cuyos conocimientos están dispersos, cuyas responsabilidades están mal definidas, cuyos procesos están poco documentados o cuyas reglas son contradictorias corre el riesgo de obtener resultados totalmente incoherentes por parte de sus sistemas inteligentes. Cuanto más coherente, estructurada y bien gobernada sea una organización, más podrá la inteligencia artificial comprender su funcionamiento, producir recomendaciones pertinentes y acompañar eficazmente a los equipos.
La preparación para la inteligencia artificial consiste en elegir las herramientas adecuadas, pero sobre todo en hacer que la organización sea inteligible. Este enfoque va más allá de las consideraciones tecnológicas. Afecta a la gobernanza, la calidad de la información, la estructuración de los conocimientos, la clarificación de los procesos, la definición de las responsabilidades, la gestión de los riesgos y la capacidad de la organización de compartir una comprensión común de su propio funcionamiento.
Una organización inteligible se vuelve también más eficaz para sus propios equipos. Los nuevos empleados se integran más rápido, las decisiones ganan en coherencia, los conocimientos se transmiten con mayor eficacia y las transformaciones organizacionales se vuelven más fluidas.
La inteligencia artificial actúa entonces como un potente catalizador. Acelera las capacidades de una organización que ya sabe cómo funciona. A la inversa, también amplifica las incoherencias cuando estas siguen presentes.
Para Quantum Beyond, los próximos años estarán marcados por una evolución importante de la relación entre las organizaciones y la inteligencia artificial. Las empresas que saquen el mayor provecho de estas tecnologías no serán necesariamente las que desplieguen el mayor número de agentes inteligentes. Serán las que se hayan tomado el tiempo de estructurar sus conocimientos, clarificar su gobernanza, reforzar sus procesos y preparar a sus equipos para que la inteligencia artificial pueda comprender verdaderamente su entorno.
Antes de buscar que una organización sea más inteligente gracias a la inteligencia artificial, resulta esencial hacerla inteligible. Es esa comprensión la que permitirá luego a la inteligencia artificial amplificar de manera duradera el valor creado por las personas, los conocimientos y las tecnologías.
