¿Una inteligencia artificial para cada ser humano?
Desde hace varias décadas, las tecnologías digitales han transformado profundamente nuestra manera de comunicar, de trabajar, de aprender y de crear. Hoy, la inteligencia artificial abre una nueva etapa de esa evolución.
En todo el mundo, los modelos se vuelven más eficaces. Redactan, analizan, programan, traducen, crean imágenes, asisten a investigadores, médicos, ingenieros y emprendedores.
Pero ¿a quién aprende a conocer realmente esa inteligencia?
Las inteligencias artificiales disponen hoy de un conocimiento impresionante del mundo. Aprenden los idiomas, las ciencias, la historia, las tecnologías, los mercados, las leyes, los comportamientos humanos y una cantidad considerable de información pública. Sin embargo, a menudo conocen muy poco a la persona a la que asisten.
Responden a una pregunta… luego a otra… y vuelven a empezar casi desde cero.
Para nosotros, la próxima evolución de la inteligencia artificial no consistirá únicamente en construir modelos más potentes. Consistirá en desarrollar inteligencias artificiales capaces de acompañar de manera duradera a una persona a lo largo de toda su vida. No se trata en absoluto de reemplazarla, sino de entrenarse y aprender progresivamente a servirla mejor.
Comprender el mundo… y luego comprender a su ser humano
El mayor desafío de la inteligencia artificial quizá ya no sea aprender el mundo. Ahora consiste en aprender a las personas. Influida por lo que es y por lo que vive, cada persona posee sus propios objetivos y ambiciones, sus hábitos, sus valores, su forma de reflexionar, sus preferencias, sus métodos de trabajo, sus intereses y sus conocimientos, su historia. Ninguna inteligencia artificial universal puede conocer perfectamente a varios miles de millones de personas.
En cambio, una inteligencia artificial personal podría aprender progresivamente a conocer a un solo ser humano con una profundidad incomparable.
Con el paso de los años, podría comprender sus métodos de trabajo, sus preferencias, sus hábitos de decisión, sus proyectos, sus intereses, su entorno profesional y personal, así como los conocimientos que desarrolla a lo largo de su vida. Se convertiría progresivamente en un verdadero socio digital.
Una inteligencia artificial que trabaja para su ser humano
Hoy, la mayoría de los servicios digitales funcionan según una lógica relativamente simple. El usuario se adapta a las plataformas.
Creemos que mañana las plataformas deberán adaptarse más a las personas. Una inteligencia artificial personal podría actuar como un intermediario inteligente entre su ser humano y el conjunto de las tecnologías que lo rodean. Podría colaborar con distintos modelos especializados, distintos servicios digitales y distintos entornos tecnológicos, permaneciendo al mismo tiempo fiel a los intereses de la persona a la que representa.
Su misión principal no sería vender publicidad ni maximizar el tiempo pasado frente a una pantalla, ni recolectar cada vez más datos para alimentar un aparato financiero. Su misión sería defender los intereses de su ser humano.
La confianza ante todo
Semejante visión no puede existir sin una confianza digital sólida. Los datos personales representan probablemente uno de los activos más sensibles que posee una persona. Por eso una inteligencia artificial personal debería apoyarse en principios de soberanía digital, de ciberseguridad avanzada, de gobernanza de los datos y de control por parte del usuario.
El objetivo sería que cada persona siga siendo dueña de lo que su inteligencia artificial aprende, conserva y utiliza.
En Quantum Beyond, esta visión coincide naturalmente con nuestros trabajos en torno a la inteligencia artificial privada y soberana, a Q-Carbon Security Systems, a las arquitecturas Zero-Knowledge, a la identidad digital de confianza y a la gobernanza de los conocimientos.
Una inteligencia que crece con nosotros
Así como un ser humano adquiere experiencia con el paso de los años, una inteligencia artificial personal podría enriquecer progresivamente su comprensión de su usuario.
Aprendería sobre numerosos aspectos de su vida cotidiana, incluidos sus ámbitos de especialización, sus formas de comunicar, sus hábitos de decisión, etc.
Podría convertirse en un asesor, un asistente permanente, un guardián de la memoria personal y profesional, capaz de encontrar rápidamente una información, de recordar un contexto olvidado, de preparar una decisión o de colaborar con otras inteligencias artificiales especializadas.
Nunca reemplazaría el juicio humano, sino que permitiría amplificarlo.
Servir a las personas antes que servir a la tecnología
A medida que las inteligencias artificiales se vuelvan más potentes —y las cosas avanzan a toda velocidad—, el verdadero desafío ya no será solamente su desempeño. Será su capacidad de servir a las personas de manera útil, segura y duradera.
En Quantum Beyond, creemos que el futuro no consiste en construir una inteligencia artificial única destinada a todo el mundo. Creemos más bien en un futuro en el que cada persona podrá disponer de una inteligencia artificial concebida para comprender sus necesidades, proteger sus intereses y ayudarla a colaborar con el conjunto de las tecnologías que compondrán su entorno.
Porque la inteligencia artificial más útil quizá no sea la que mejor conozca el mundo. Será la que mejor conozca a la persona a la que acompaña.
¿Y si la verdadera revolución de la inteligencia artificial no fuera reemplazar a las personas… sino dedicar toda su potencia a comprenderlas, protegerlas y ayudarlas a lograr más, a lo largo de toda su vida?
