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Soberanía digital: darse los medios para triunfar

La soberanía digital ocupa hoy un lugar creciente en las conversaciones en torno a la inteligencia artificial, la ciberseguridad y la economía digital. Cada vez más organizaciones desean conservar el dominio de sus datos, reducir su dependencia de proveedores extranjeros y desarrollar infraestructuras capaces de sostener sus actividades a largo plazo. Esta ambición es legítima. Responde a desafíos de seguridad, competitividad y resiliencia que atañen tanto a las empresas como a los gobiernos.

Esta voluntad plantea, sin embargo, una pregunta mucho más concreta: ¿dónde se construirán esas infraestructuras?

Los centros de datos se han convertido en los cimientos de la economía digital. Alojan los datos, sostienen las plataformas en la nube, alimentan los modelos de inteligencia artificial y garantizan el funcionamiento de una multitud de servicios de los que dependemos a diario. A medida que las necesidades aumentan, surgen nuevos proyectos por todo el mundo. Varios de ellos suscitan, no obstante, preocupaciones legítimas ligadas al consumo energético, al uso del agua, al ruido, a la ocupación del territorio o a los impactos ambientales. Estas preocupaciones merecen ser escuchadas y analizadas con seriedad.

El desafío consiste justamente en conciliar esas preocupaciones con otra realidad. Una sociedad que desea reforzar su soberanía digital debe también aceptar que las infraestructuras necesarias existan en su territorio. Los datos no residen en un espacio abstracto. Están almacenados en edificios, alimentados por redes eléctricas, conectados por infraestructuras de telecomunicaciones y operados por equipos especializados. Renunciar sistemáticamente a su implantación equivale a menudo a transferir esas responsabilidades a otras regiones u otros países, sin reducir por ello las necesidades digitales de nuestra propia sociedad.

Esta reflexión va, por lo demás, más allá de los centros de datos. Cada avance tecnológico se apoya en infraestructuras físicas: redes de comunicación, subestaciones eléctricas, instalaciones de producción energética, plantas de tratamiento, centros logísticos o infraestructuras de transporte. Nos beneficiamos a diario de sus servicios, incluso cuando su presencia suscita debates en el momento de su implantación.

Hay que construir, pues, esas infraestructuras de manera responsable, sostenible y aceptable para las comunidades que las acogerán. Los gobiernos, los municipios, las empresas y los ciudadanos tienen todos un papel que desempeñar para identificar los mejores emplazamientos, limitar los impactos sobre los entornos de vida, favorecer la eficiencia energética, recuperar el calor cuando ello sea posible y proteger los recursos naturales.

Este enfoque exige una visión a largo plazo. Las infraestructuras digitales que se construyan hoy sostendrán probablemente las actividades económicas, científicas y gubernamentales durante varias décadas. Contribuirán también al auge de sectores estratégicos como la inteligencia artificial, la ciberseguridad, la investigación, la salud, la industria y los servicios públicos.

Quantum Beyond considera que la soberanía digital pertenece a las colectividades y descansa en la capacidad de una sociedad para concebir, operar y proteger las infraestructuras que hacen posible esa soberanía. Esta responsabilidad exige inversiones, una gobernanza rigurosa, una planificación responsable y un diálogo abierto con las comunidades.

La soberanía digital se construye como toda infraestructura esencial y debe necesariamente encontrar su lugar en el mundo real.