La inteligencia artificial: el valor agregado de los oficios
Cada gran revolución tecnológica ha transformado el trabajo humano. La invención de la rueca aceleró la producción textil. Las máquinas herramienta multiplicaron las capacidades de los talleres. Los motores eléctricos modernizaron las fábricas. Las computadoras automatizaron miles de tareas administrativas. Internet modificó profundamente las comunicaciones y los intercambios comerciales.
En cada una de esas etapas, la productividad progresó, las organizaciones evolucionaron y los oficios se adaptaron. Algunas profesiones desaparecieron, otras se transformaron profundamente y surgieron nuevas especialidades. La inteligencia artificial se inscribe en esa continuidad.
La IA actúa como un potente catalizador, impulsando y acelerando el desarrollo de todas las demás innovaciones. Aumenta la capacidad de las organizaciones para analizar, crear, comunicar, automatizar, aprender y tomar decisiones a una velocidad que habría sido difícilmente imaginable hace apenas unos años. Esta aceleración transforma naturalmente el valor agregado de los oficios.
Durante mucho tiempo, la contribución humana se basó en gran medida en la realización de tareas operativas, administrativas o técnicas. Hoy, una parte creciente de esas actividades puede automatizarse, asistirse u orquestarse mediante inteligencias artificiales y agentes autónomos. Esta evolución tendrá inevitablemente consecuencias en el mercado laboral.
Como todas las grandes revoluciones industriales y tecnológicas que la precedieron, la inteligencia artificial contribuirá a reducir las necesidades de mano de obra en ciertas actividades, a hacer evolucionar numerosos oficios y a hacer surgir nuevas especializaciones. Esta transformación ya es una realidad en varios sectores de actividad y seguirá acelerándose en los próximos años. Más allá de los empleos en sí, es el valor económico del trabajo humano el que evoluciona.
Las organizaciones crearán cada vez más valor gracias a su capacidad de interpretar la información, ejercer su juicio, imaginar nuevos enfoques, tomar decisiones informadas, colaborar eficazmente y orquestar de manera inteligente las interacciones entre las personas y las tecnologías.
Todos los oficios evolucionarán. La inteligencia artificial se hará cargo progresivamente de una parte de las actividades operativas, lo que permitirá a los profesionales dedicar más tiempo a las tareas de mayor valor agregado, como la estrategia, el juicio, la creatividad, la innovación, el acompañamiento de los equipos y la toma de decisiones. Esta evolución supera con creces el simple despliegue de soluciones tecnológicas. Lleva a las organizaciones a repensar sus estructuras, sus procesos, sus responsabilidades, sus métodos de colaboración y la forma en que crean valor.
Para varias empresas, esta transformación representará una importante palanca de competitividad. La integración reflexiva de la inteligencia artificial permitirá mejorar la productividad, acelerar la innovación, optimizar las operaciones y reforzar su capacidad de seguir siendo competitivas en mercados en constante evolución. A la inversa, las organizaciones que tarden en hacer evolucionar sus modelos de negocio corren el riesgo de ver disminuir progresivamente su eficacia, aumentar sus costos relativos y erosionarse su capacidad de innovar frente a competidores más ágiles.
La verdadera transformación reside, por lo tanto, en la capacidad de las organizaciones para hacer evolucionar su capital humano, sus competencias, su gobernanza y sus formas de trabajar, a fin de que las tecnologías se conviertan en una potente palanca de creación de valor.
Quantum Beyond encarna esta visión en su enfoque Human at the Center (HATC).
Creemos que las tecnologías más eficaces son las que refuerzan de manera duradera las capacidades humanas. El juicio, la creatividad, la responsabilidad, la experiencia, el conocimiento y la gobernanza siguen siendo los cimientos de las organizaciones de alto desempeño. La inteligencia artificial actúa como un motor que amplifica esas fortalezas, acelera su alcance y abre nuevas posibilidades de innovación.
El valor de la inteligencia artificial no se mide, pues, por el número de tareas que automatiza, sino por la capacidad de las organizaciones para hacer evolucionar sus oficios, sus equipos y su inteligencia colectiva, a fin de crear de manera duradera más valor para sus clientes, sus empleados y el conjunto de su ecosistema.
