Blog

IA y juicio

Una imposibilidad o la próxima etapa de su evolución

Afirmar que la inteligencia artificial “nunca” reemplazará el juicio humano es una idea tranquilizadora. Nos recuerda que las decisiones más importantes siguen apoyándose en la experiencia, el contexto, las emociones, los valores y la responsabilidad de quienes las toman.

Por el momento, esta afirmación sigue siendo fundada. Los modelos de inteligencia artificial pueden producir análisis notablemente pertinentes, pero siguen siendo incapaces de comprender plenamente los matices de una situación como lo haría un ser humano. ¿Debemos concluir por ello que esta realidad será siempre la misma dentro de cinco, diez o veinte años? La historia de las tecnologías nos invita a la prudencia cuando se trata de afirmar que ciertos límites serán permanentes.

Desde los inicios de la informática, cada generación ha empujado fronteras que se creían infranqueables. Las computadoras aprendieron a calcular, luego a reconocer imágenes, a comprender el lenguaje, a programar, a crear obras artísticas y a resolver problemas complejos que antes correspondían exclusivamente a la inteligencia humana.

Tras haber demostrado su capacidad de generar contenido, analizar datos, programar, traducir y asistir a los profesionales en una multitud de ámbitos, la próxima frontera de las inteligencias artificiales es, desde ahora, la del juicio.

El juicio no se apoya únicamente en el conocimiento. Se desarrolla mediante la acumulación de experiencias, la observación de las consecuencias de las propias decisiones, la capacidad de extraer lecciones de ellas y de reutilizar esos aprendizajes en contextos nuevos. Es precisamente esa memoria experiencial la que permite, con el tiempo, reconocer las situaciones más prometedoras, evitar repetir los mismos errores y mejorar progresivamente la calidad de las decisiones. Los sistemas actuales todavía no han llegado a ese punto.

Sin embargo, las inteligencias artificiales ya aprenden a partir de nuestros conocimientos, de nuestros documentos, de nuestras decisiones y de la retroalimentación que les proporcionamos. Mientras más estructuren las organizaciones su saber, documenten sus procesos y enriquezcan esos aprendizajes con evaluaciones de calidad, más podrán ganar en pertinencia, coherencia y confiabilidad las recomendaciones producidas por las IA.

La capacidad potencial de las inteligencias artificiales para desarrollar un mejor juicio es grande. ¿Cómo vamos a enseñarles a razonar?

Los próximos avances dependerán probablemente menos de la potencia de los modelos que de la calidad de los conocimientos que se les transmitan, de la gobernanza implementada, de la riqueza de los contextos documentados, de los mecanismos de retroalimentación que permitan evaluar la calidad de los resultados y de la capacidad de las organizaciones para transformar su experiencia colectiva en saber aprovechable.

Esta evolución no disminuirá el papel de los seres humanos. Más bien modificará la naturaleza de sus decisiones, al darles acceso a análisis, a experiencias acumuladas y a escenarios que habría sido imposible examinar manualmente.

Un directivo que cuente con una inteligencia artificial capaz de analizar miles de escenarios comparables, de detectar tendencias invisibles al ojo humano y de proponer varias vías argumentadas conservará siempre la responsabilidad de la decisión final. En cambio, esa decisión podrá tomarse con una comprensión mucho más completa de la situación.

El juicio humano no será reemplazado por las inteligencias artificiales. Será enriquecido por su capacidad de analizar, comparar, memorizar y aprender a una escala que ningún ser humano puede alcanzar solo.

Contraponer la inteligencia artificial al juicio humano es probablemente una falsa oposición. Las organizaciones más eficaces del mañana no buscarán reemplazar a sus responsables de decisión por máquinas. Buscarán más bien desarrollar inteligencias artificiales capaces de convertirse en verdaderas socias de reflexión, alimentadas por conocimientos confiables, experiencias documentadas y una gobernanza rigurosa.

Las organizaciones que sacarán el mejor provecho de esta evolución no serán necesariamente las que utilicen los modelos más potentes. Serán aquellas que hayan aprendido a transformar su experiencia, sus conocimientos, sus decisiones y sus resultados en un patrimonio informacional estructurado, capaz de alimentar de manera duradera sus inteligencias artificiales.

Quantum Beyond cree que esta evolución comienza mucho antes de la elección de un modelo de inteligencia artificial. Empieza por la estructuración del capital digital, la gobernanza de los conocimientos y la preparación de la organización para transmitir su saber de manera coherente, segura y duradera.

El futuro no se apoyará, pues, en una inteligencia artificial que piense en lugar de los seres humanos. Pertenecerá a las organizaciones que hayan aprendido a hacer evolucionar simultáneamente el juicio de sus equipos y el de las inteligencias artificiales que las acompañen.