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Harvest Now, Decrypt Later

La amenaza no es la computadora cuántica, sino esperar a que exista.

Durante años, las organizaciones adoptaron un enfoque relativamente simple frente a las nuevas amenazas tecnológicas: observar su evolución, esperar a que se volvieran concretas y luego invertir en el momento oportuno.

  • “Observemos cómo evolucionan las cosas y nos ajustaremos según sea necesario.”
  • “Mientras no sepamos exactamente qué va a ocurrir, más vale evitar invertir en una solución que finalmente podría resultar inútil o tener que ser reemplazada.”

Este enfoque es comprensible. Permite evitar inversiones prematuras, limitar los riesgos vinculados a las decisiones tecnológicas y concentrar los recursos en las necesidades inmediatas de la organización. Durante mucho tiempo, esta estrategia resultó pertinente. Con la computación cuántica, esta lógica cambia por completo.

El riesgo no es que una computadora cuántica ataque su organización mañana. El verdadero riesgo es que sus datos sean sustraídos hoy para ser descifrados mañana. Es lo que ahora se denomina Harvest Now, Decrypt Later.

El principio es tan simple como inquietante. Ciberdelincuentes, organizaciones criminales o incluso Estados pueden ya interceptar y conservar importantes volúmenes de datos cifrados, sin ser capaces de explotarlos de inmediato. Acumulan pacientemente hoy un capital informacional con la esperanza de que pueda volverse aprovechable mañana.

Algunas organizaciones podrían verse tentadas a banalizar esta realidad, al estimar que los datos robados terminarán por quedar obsoletos. Después de todo, los datos de contacto cambian, los empleados dejan su puesto, los contratos vencen y las infraestructuras evolucionan. Sin embargo, esa visión es engañosa. Los datos adquieren a menudo mayor valor cuando se cruzan con otras fuentes de información. Lo que hoy parece incompleto puede volverse extremadamente revelador mañana.

Los avances de la inteligencia artificial, el aumento de la potencia de cálculo y la multiplicación de los conjuntos de datos ya permiten reconstituir perfiles, relaciones, comportamientos o informaciones que antes parecían carentes de importancia. Así, incluso varios años después de su robo, ciertos datos pueden conservar, e incluso aumentar, su valor estratégico.

Hoy, su información sigue protegida por los mecanismos criptográficos actuales. No obstante, cuando las computadoras cuánticas alcancen un nivel de madurez suficiente para poner en cuestión ciertos algoritmos ampliamente utilizados, esos mismos datos podrían ser descifrados retroactivamente. Una información confidencial robada hoy podría perder toda su confidencialidad mañana. Esta realidad transforma profundamente nuestra manera de abordar la ciberseguridad.

El desafío ya no consiste en proteger los sistemas frente a las amenazas actuales, sino en proteger la información que deberá permanecer confidencial durante cinco, diez, veinte años o más. Pensemos en los expedientes médicos, la información financiera, los secretos industriales, los contratos estratégicos, los datos gubernamentales, las infraestructuras críticas o incluso la propiedad intelectual. Para varias organizaciones, el valor de esa información supera con creces su vida útil operativa. Esperar la llegada de las computadoras cuánticas antes de actuar equivaldría a instalar un sistema de alarma después de un robo.

La transición poscuántica no consiste simplemente en reemplazar un algoritmo criptográfico por otro. Exige una comprensión profunda de los mecanismos de protección de la organización. Hay que identificar los activos sensibles, cartografiar las dependencias criptográficas, evaluar el ciclo de vida de los datos, comprender los impactos en las aplicaciones, las infraestructuras, los socios y los proveedores, y luego planificar una migración progresiva compatible con las realidades operativas. Es esa preparación la que constituye el verdadero desafío.

Los algoritmos seguirán evolucionando. Las normas se actualizarán. Aparecerán nuevas recomendaciones al ritmo de los avances científicos. Las organizaciones que tengan éxito no serán, por lo tanto, necesariamente las que hayan elegido el algoritmo “correcto” desde el principio. Serán las que hayan desarrollado la capacidad de adaptar continuamente su entorno tecnológico, su gobernanza y sus prácticas de seguridad.

La preparación se convierte así en una ventaja estratégica. Permite evitar migraciones realizadas con urgencia, reducir los riesgos operativos y proteger de manera duradera el capital digital de la organización.

La computadora cuántica capaz de poner en cuestión los mecanismos criptográficos actuales quizá todavía no esté en servicio. Sin embargo, algunos de los datos que algún día podrá descifrar quizá ya estén almacenados por quienes los codician. La mejor manera de prepararse para la era poscuántica no es, pues, esperar su llegada, sino proteger desde hoy la información que todavía deberá permanecer confidencial mañana.

Quantum Beyond cree que la transición poscuántica es ante todo un proyecto de gobernanza, de gestión de riesgos y de preparación organizacional. Mucho antes de reemplazar una tecnología, hay que comprender qué debe protegerse, durante cuánto tiempo, frente a qué riesgos y según qué prioridades.