El tren cuántico – Segunda estación: subir a bordo
El reflejo es casi siempre el mismo… Cuando aparece una nueva tecnología, las organizaciones comienzan por mirar los productos disponibles. Comparan proveedores, evalúan costos, analizan funcionalidades y buscan determinar el mejor momento para invertir. La computación cuántica no escapa a esta lógica. Sin embargo, ese enfoque corre el riesgo de conducir a muchas empresas a un callejón sin salida.
Subir a bordo del tren cuántico no significa comprar una computadora cuántica. En realidad, la gran mayoría de las organizaciones probablemente nunca tendrá una. Como ocurre hoy con los grandes centros de cálculo, utilizarán capacidades ofrecidas a distancia, integradas en servicios o disimuladas detrás de plataformas que ya emplean. El verdadero embarque comienza mucho antes que la tecnología misma. Empieza cuando una organización acepta que ciertas certezas sobre las que ha construido su entorno digital serán progresivamente cuestionadas.
Durante varias décadas, la seguridad informática se basó en una hipótesis simple: las capacidades de cálculo disponibles volvían ciertos problemas matemáticos prácticamente imposibles de resolver en un plazo razonable. Esa hipótesis está en el corazón de gran parte de los mecanismos criptográficos que protegen hoy nuestras comunicaciones, nuestras transacciones financieras, nuestras infraestructuras críticas y nuestras identidades digitales.
La llegada de la computación cuántica no significa que todos esos mecanismos vayan a volverse repentinamente inútiles. En cambio, obliga a las organizaciones a reconocer que no podrán permanecer inalterados indefinidamente. Es precisamente esa toma de conciencia la que marca la verdadera partida del viaje.
Las empresas mejor preparadas no son las que invierten primero en las tecnologías más costosas. Son las que empiezan a formular las preguntas correctas, como:
- ¿Cuáles son nuestros activos digitales más críticos?
- ¿Dónde están almacenados nuestros datos más sensibles?
- ¿Qué mecanismos criptográficos protegen actualmente nuestros sistemas?
- ¿Cuánto tiempo deberán permanecer confidenciales algunas de nuestras informaciones? ¿Cinco años? ¿Diez años? ¿Veinte años?
- ¿Qué dependencias tecnológicas corren el riesgo de volverse problemáticas cuando evolucionen los estándares?
Estas preguntas pueden parecer técnicas. Sin embargo, son profundamente estratégicas. Una empresa que no conoce sus dependencias no puede medir realmente su exposición al riesgo. Avanza sin saber dónde están sus puntos de fragilidad. Subir a bordo significa también preparar a las personas.
Cada revolución tecnológica suele presentarse como un asunto de máquinas. La experiencia demuestra, no obstante, que los verdaderos desafíos son casi siempre humanos. Las organizaciones deberán capacitar a sus equipos, desarrollar nuevas competencias, revisar ciertas prácticas y aceptar que los oficios evolucionarán. Los expertos de hoy no quedarán obsoletos; simplemente deberán enriquecer su pericia para seguir creando valor en un entorno distinto.
También es esencial comprender que la preparación no concierne únicamente a los departamentos de informática. Las direcciones generales, los consejos de administración, los responsables de riesgos, los abogados, los especialistas en cumplimiento, los responsables de la propiedad intelectual y los equipos de ciberseguridad tendrán todos un papel que desempeñar. Lo cuántico no es un proyecto tecnológico. Es una transformación que afectará progresivamente al conjunto de la organización.
Por eso, esperar a que las primeras soluciones comerciales estén ampliamente disponibles sería un error. Cuando lleguen a la madurez, las organizaciones más avanzadas ya habrán identificado sus prioridades, establecido su hoja de ruta, iniciado la migración de sus sistemas más críticos y desarrollado las competencias necesarias para acompañar esta evolución. Las demás apenas empezarán entonces a preguntarse por dónde comenzar.
Quantum Beyond apuesta por la preparación para ofrecer la máxima rentabilidad, en lugar de actuar por reacción. Subir a bordo no consiste en correr hacia la locomotora. Se trata de elegir el vagón, preparar el itinerario y comprender hacia dónde llevará el viaje a la organización en los próximos años.
El tren cuántico está en movimiento. Las primeras organizaciones ya han dejado el andén. Para las demás, todavía hay tiempo de subir a bordo. Pero cada mes que pasa reduce un poco más el tiempo disponible para preparar con serenidad lo que se anuncia como una de las transformaciones tecnológicas más importantes de nuestra época.
