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El tren cuántico – Quinta estación: los primeros paisajes cambian

Cuando se emprende un largo viaje en tren, es raro que el paisaje se transforme de golpe. Los cambios aparecen progresivamente. Una ciudad cede suavemente el lugar al campo. Las llanuras se vuelven onduladas. Los bosques reemplazan a los barrios industriales. A menudo, el viajero solo se da cuenta de que ha cambiado de región después de varias decenas de kilómetros.

Las grandes revoluciones tecnológicas siguen generalmente el mismo recorrido. Contrariamente a la imagen popular de una ruptura repentina, se instalan lentamente, casi discretamente, antes de modificar profundamente nuestro entorno económico. La computación cuántica probablemente no será la excepción.

Muchos imaginan todavía que existirá un momento preciso en el que lo cuántico trastocará el mundo de los negocios. Esta visión es seductora, pero rara vez refleja la manera en que las innovaciones transforman realmente a las organizaciones. Los cambios más importantes comienzan a menudo en algunos sectores especializados, ganan progresivamente en madurez y luego se difunden a través de las tecnologías que ya utilizamos, a veces sin que siquiera seamos conscientes de ello.

Los primeros efectos de la computación cuántica se harán sentir probablemente en ámbitos donde las necesidades de cálculo son particularmente elevadas. Los sectores financieros, por ejemplo, buscan constantemente mejorar sus modelos de análisis, sus estrategias de gestión de riesgos y sus mecanismos de seguridad. Las industrias farmacéuticas y químicas llevan a cabo trabajos de simulación que podrían beneficiarse de nuevas capacidades de cálculo. Las empresas especializadas en logística, transporte u optimización operativa también observan con interés las posibilidades que ofrece esta nueva generación de algoritmos.

Para la mayoría de las organizaciones, no obstante, los primeros cambios serán mucho menos espectaculares. No reemplazarán sus infraestructuras de la noche a la mañana y probablemente nunca instalarán una computadora cuántica en sus instalaciones. Del mismo modo que hoy utilizan servicios en la nube sin poseer los inmensos centros de datos que los hacen posibles, mañana accederán a ciertas capacidades cuánticas por intermedio de las plataformas que ya emplean.

Es precisamente esta evolución progresiva la que merece toda nuestra atención. Quizá los directivos nunca vean directamente entrar lo cuántico en su empresa. En cambio, constatarán que ciertos programas toman mejores decisiones, que ciertos análisis se vuelven más rápidos, que aparecen nuevos servicios o que sus socios comerciales exigen niveles de seguridad distintos. El paisaje empezará a cambiar sin que el tren se detenga.

Esta transformación no concernirá únicamente a las herramientas. Modificará progresivamente las relaciones de fuerza entre las organizaciones. Algunas comprenderán rápidamente las nuevas posibilidades que ofrecen estas tecnologías y adaptarán sus procesos antes que sus competidores. Otras optarán por esperar a que los beneficios se vuelvan evidentes. Como en las anteriores revoluciones digitales, la brecha no provendrá únicamente de la tecnología en sí, sino de la capacidad de las organizaciones para reconocer con suficiente antelación las señales anunciadoras del cambio.

La historia reciente nos recuerda, por lo demás, que las empresas que toman la delantera rara vez son las que disponen de los mayores recursos. A menudo son las que observan su entorno con más curiosidad y aceptan experimentar antes de que el mercado las obligue a hacerlo. Comprenden que las grandes innovaciones no producen sus efectos el día en que se vuelven populares, sino durante los años en los que aún permanecen relativamente discretas.

Quantum Beyond cree que la computación cuántica representa mucho más que una nueva potencia de cálculo. Se inscribe en una convergencia donde la inteligencia artificial, la ciberseguridad, las infraestructuras distribuidas, las nuevas arquitecturas informáticas y la gobernanza de los datos evolucionarán de manera interdependiente. Es esa convergencia la que transformará progresivamente el paisaje digital en los próximos años.

El viaje ya ha comenzado. Los primeros relieves aparecen en el horizonte y los viajeros atentos los distinguen antes que los demás. Saben que el paisaje pronto dejará de ser el mismo. No esperan a llegar al destino para comprender que el mundo ya está cambiando.