Después de Internet, llega la economía de las inteligencias artificiales
Desde la aparición de la web, las tecnologías digitales se desarrollaron principalmente para permitir que los seres humanos accedieran a la información. Los sitios de Internet fueron concebidos para ser leídos; los motores de búsqueda fueron creados para ayudar a los internautas a encontrar contenidos, y las plataformas digitales acercaron a los creadores a sus públicos.
Durante más de treinta años, la economía digital se basó esencialmente en una relación entre productores de contenidos y consumidores humanos. Hoy aparece una nueva categoría de usuarios: las inteligencias artificiales, que leen, analizan, resumen, aprenden, producen y crean, consumiendo al mismo tiempo cantidades de información sin precedentes.
Esta evolución transforma profundamente la noción misma de propiedad intelectual.
¿Deben los creadores perder el control de sus obras?
Desde hace algunos años, numerosos autores, artistas, medios, investigadores y empresas se hacen preguntas.
- ¿Cómo permitir que las inteligencias artificiales utilicen contenidos respetando los derechos de sus creadores?
- ¿Cómo preservar el valor económico de la creación?
- ¿Cómo asegurar una remuneración equitativa?
- ¿Cómo mantener la confianza entre los productores de conocimiento y los desarrolladores de inteligencia artificial?
Iniciativas como SPUR (Standards for Publisher Usage Rights) representan un avance importante en esta reflexión. Buscan establecer mecanismos normalizados que permitan expresar los derechos de uso de los contenidos, mejorar la transparencia de los usos y facilitar la colaboración entre los titulares de propiedad intelectual y las plataformas de inteligencia artificial.
Es un enfoque esencial, pero probablemente solo la primera etapa.
De la economía de los contenidos a la de los derechos digitales.
Cada creación, documento, imagen, video, modelo 3D, plano, procedimiento empresarial, patente, dato científico y obra cinematográfica deberá llevar progresivamente consigo su propia identidad digital, sus derechos de uso, su historial, su trazabilidad y sus condiciones de explotación. Los activos digitales deberán volverse inteligentes por sí mismos.
Una nueva generación de infraestructuras se vuelve necesaria
Durante mucho tiempo, la ciberseguridad consistía principalmente en impedir el robo de datos. Más allá de las licencias tradicionales y de la necesidad de nuevas infraestructuras de confianza, también habrá que ser capaz de demostrar:
- ¿Quién posee un contenido y quién puede utilizarlo?
- ¿En qué contexto y bajo qué condiciones?
- ¿Durante cuánto tiempo y con qué remuneración?
- ¿Cómo puede auditarse su uso y cómo garantizar que una inteligencia artificial respete los derechos que le fueron otorgados?
De la ciberseguridad a la confianza digital
La protección de los datos ya no será el único desafío. Habrá que implementar los medios para asegurar la protección de los derechos, de las identidades, de los conocimientos y de los activos digitales. Es esta visión la que guía el desarrollo de las distintas tecnologías de Quantum Beyond:
- Q-Carbon Security Systems protege las comunicaciones y las infraestructuras críticas.
- El QKS estructura y gobierna los conocimientos para que puedan ser explotados de manera confiable tanto por los seres humanos como por las inteligencias artificiales.
- Nuestros trabajos sobre la identidad digital soberana y las arquitecturas Zero-Knowledge buscan reforzar la confianza en los intercambios digitales.
- Y nuestra plataforma ICEqb aspira a transformar la gestión mundial de las obras cinematográficas, permitiendo que los titulares de propiedad intelectual conserven el dominio de su difusión, de sus derechos y de sus ingresos a lo largo de todo el ciclo de vida de sus creaciones.
A nuestros ojos, estas iniciativas persiguen todas el mismo objetivo: lograr que la tecnología proteja mejor los intereses de quienes crean valor.
Aprender a respetar tanto como a aprender
La inteligencia artificial representa una formidable oportunidad para acelerar la innovación. Pero esa innovación debe apoyarse en una relación duradera entre los creadores, las organizaciones y las tecnologías. El futuro no puede reposar únicamente sobre una elección entre protección e innovación. Debe reposar sobre su equilibrio.
Los creadores deben poder seguir creando. Las empresas deben poder seguir invirtiendo. Las inteligencias artificiales deben poder aprender. Y los derechos de cada uno deben poder respetarse de manera transparente, verificable y segura.
La gobernanza de los activos digitales
El siglo XX construyó las infraestructuras de transporte de personas y objetos. El siglo XXI construyó las infraestructuras de transporte de la información. El próximo desafío será construir las infraestructuras de gobernanza del conocimiento, de las identidades y de los derechos digitales.
Hemos construido infraestructuras que permiten almacenar y transportar la información. Es momento de dedicar energías a construir infraestructuras capaces de gobernar el valor de esa información.
Porque creemos que la confianza digital se convertirá en uno de los fundamentos de esta nueva economía — una economía en la que los seres humanos, las organizaciones y las inteligencias artificiales podrán colaborar en un entorno donde los conocimientos circulen libremente, pero donde los derechos, las identidades, la propiedad intelectual y la soberanía digital permanezcan protegidos.
Además de los seres humanos, los contenidos serán creados, leídos, comprendidos, utilizados y enriquecidos por millones, e incluso miles de millones, de dispositivos y, evidentemente, por inteligencias artificiales.
